Estrecha, agradable y angosta. Empedrada y conventual recoge esta calle de Santo Domingo de Guzmán una aire que bien podría recordar el Valladolid más medieval. Caserío bajo, no más de trex alturas y acompañando su recorrido, el convento de las Catalinas, de hermoso claustro y misteriosos adentros.
Al caer la noche aguarda un silencio singular que ilumina vagamente el adoquinado entre pasajeros de sombra y sombrero, paseantes nocturnos que arrojan vida a esta calle de paso singular y urbana belleza.
martes, 17 de diciembre de 2019
lunes, 25 de noviembre de 2019
Plazuela del Coso
Atmósfera castellana y popular.
Este agradable lugar dibuja lo que podría ser un bello escenario del siglo de Oro.
El caserío acompaña la plaza en humilde sintonía entre troneras, balcones y galerías de madera dejando en lo más alto el gran castillo, cómo un náufrago surcando los valles castellanos, vigía y faro entre recias torres que amparan la llegada de neuvas.
sábado, 16 de noviembre de 2019
Viaja cala de Alcaufar
Las pequeñas casas blancas sujetas por buganvillas violetas y viejos pinos mediterráneos hablan de una pequeña y breve villa de mar resguardad del olvido; hoy amenizada por un viejo hotel, vecinos conocidos que los meses de verano se encuentran y refrescan en aguas.
jueves, 17 de octubre de 2019
Don Eduardo Cuadrado: escultor y amigo
Ayer por la tarde visité la casa de Don Eduardo Cuadrado, escultor, artista y amigo.
Antes de que yo naciera fue y sigue siendo a pesar de los quehaceres buen amigo de mi abuelo, Pedro Alejandre con el que sigue riendo como si los años no pasarán.
Entrando en Fuensaldaña no lejos del frontón se encuentra su taller y hogar. Una casa castellana de madera y tapial que cuenta en su interior con un amplio jardín con las que convive sus obras y tallas.
Antes de que yo naciera fue y sigue siendo a pesar de los quehaceres buen amigo de mi abuelo, Pedro Alejandre con el que sigue riendo como si los años no pasarán.
Entrando en Fuensaldaña no lejos del frontón se encuentra su taller y hogar. Una casa castellana de madera y tapial que cuenta en su interior con un amplio jardín con las que convive sus obras y tallas.
Como si de un paisaje de viejos rostros, nombres desconocidos y viajes inconclusos. La sensación que uno percibe al entrar es la de ser atentamente observado por cada uno de ellos. De tal manera, cada uno quisiera hablar y charlar contigo a la vez.
A pesar de la cantidad de obras tanto fuera como dentro de la casa, el lugar transmite una sencilla tranquilidad y serenidad propias de su fe y carácter. Entras en un lugar con una historia vivida, soñada y trabajada; un lugar vivido e imaginado por este viejo escultor que hace unos años nos dejó, pero cuyo recuero material sigue hablándonos en su obra que vive. De alguna manera haber paseado por el jardín de Eduardo es conocer su forma de mirar al mundo y de recorrer algunos pasillos de vieja alma.
Espero volver pronto.
A pesar de la cantidad de obras tanto fuera como dentro de la casa, el lugar transmite una sencilla tranquilidad y serenidad propias de su fe y carácter. Entras en un lugar con una historia vivida, soñada y trabajada; un lugar vivido e imaginado por este viejo escultor que hace unos años nos dejó, pero cuyo recuero material sigue hablándonos en su obra que vive. De alguna manera haber paseado por el jardín de Eduardo es conocer su forma de mirar al mundo y de recorrer algunos pasillos de vieja alma.
Espero volver pronto.
lunes, 14 de octubre de 2019
Paisaje urbano
Aguardan bancos, pasean y llevan boina. De alguna manera, a pesar de tener fama de gruñones, dan vida de calle a la ciudad.
Qué sería de las ciudades sin su mayores. Sin la gente que ha visto como han crecido sus calles. Testigos de tantos cambios y revoluciones.
La calle sería muda sin su presencia, los buses yacerían huérfanos. Los bares dejarían las botellas de clarete llenas, sin abrir si quiera. El mercado aquejaría algo de charleta y conversación, y en misa faltaría algo de tertulia a la salida.
Por eso invito a saber ver y valorar a esta capa poco conocida de nuestra calle.
Tal vez años atrás existiese una cultura de respeto ciego al mayor, pero ahora con ojos limpios sepamos valorar su historia, su paso y por qué no seamos parte de su recuerdo.
Qué sería de las ciudades sin su mayores. Sin la gente que ha visto como han crecido sus calles. Testigos de tantos cambios y revoluciones.
La calle sería muda sin su presencia, los buses yacerían huérfanos. Los bares dejarían las botellas de clarete llenas, sin abrir si quiera. El mercado aquejaría algo de charleta y conversación, y en misa faltaría algo de tertulia a la salida.
Por eso invito a saber ver y valorar a esta capa poco conocida de nuestra calle.
Tal vez años atrás existiese una cultura de respeto ciego al mayor, pero ahora con ojos limpios sepamos valorar su historia, su paso y por qué no seamos parte de su recuerdo.
miércoles, 18 de septiembre de 2019
Templos en Tierra
Eran parte de la vida de los pueblos. Cuándo la cosecha escaseaba el palomar era un recurso básico de supervivencia.
Pichones, lechuzas y otras aves eran fuente de mercado y riqueza.
Su utilidad es concreta, sin embargo detrás de sus muros gruesos de tierra y paja esconde una belleza humilde, sencilla y campesina. Creada a partir de la necesidad de adaptarse a las condiciones y materiales que ofrece la tierra.
En Villamartín de Campos, provincia de Palencia, llevamos a cabo un taller para rehabilitar un viejo palomar de entre los muchos que allí se encuentran.
Este palomar estaba levemente deteriorado, pero todavía guardaba gran parte de su forma original y se encontraba en pie.
El perímetro cuenta con unos 45 metros de los que 15 habían sido cementados recientemente. La zona sin cementar seguía empañada en tapial y en ella pudimos dar una nueva capa de tierra para conseguir una mayor protección del exterior.
Aparte del tapial y el revoco con cal, utilizamos adobe mediante el sistema de encofrado de madera.
Por último, en la zona cementada dibujamos un mural figurativo que seguro dará que pensar a aquel viajero que se cruce por allí.
Tan solo espero que estás antiguas construcciones se protejan y de alguna manera se reivindiquen como patrimonio cultural de nuestro paisaje.
martes, 16 de julio de 2019
Un paseo por Salamanca
Tan solo escribiré un breve comentario con alguna fotografía sobre este último fin de semana en la ciudad de Salamanca. No pretende ser algo riguroso ni formal.
Me aloje durante un par de días en la casa de la familia por parte de mi madre que reside en Salamanca. La casa está ubicada en la calle Rector Lucena en pleno centro de la ciudad a apenas unos metros de la Plaza Mayor. Es un edificio de viviendas de aspecto decimonónico, aunque fue construido en los años 40. A base de arenisca de Villamayor cuenta con un gran portal encaminado por una escalinata en la que se encuentran distintas alegorías representadas.
Durante la mañana pataleamos el casco histórico. La plaza mayor nos acogió con una juvenil orquesta tocando el primer movimiento de la Serenata nª13 para cuerdas en Sol mayor de Wolfgang Amadeus Mozart, que acompasado con el escenario churrigueresco de la plaza, daba la barroca sensación de volver al siglo XVIII entre duques y banquetes.
Recuerdo el primer día en la universidad en el el que el vigente director y profesor de paisaje y jardín Darío álvarez, citaba a Goethe diciendo: "la arquitectura es la música congelada", tal vez tuviese razón.
https://youtu.be/KFuo7l-_fPI
Más adelante recorrimos calles y plazas hasta que llegamos a la la plaza de Anaya que entre coníferas y cipreses asomaba la majestuosa Catedral. Decidimos subirla. Escalinatas de caracol, escalones y angostos pasillos que no llegaban al 1,70. Creo recordar algún que otro cabezazo. Finalmente llegamos a la parte superior de los Jerónimos que ofrecían una gran perspectiva de la ciudad. Algo estruendoso, las campanas sonaron con nuestra llegada.
Rozando el mediodía, paseamos por las jardines de Calixto y Melibea, que bordean la antigua muralla entre flora pintoresca.
Me aloje durante un par de días en la casa de la familia por parte de mi madre que reside en Salamanca. La casa está ubicada en la calle Rector Lucena en pleno centro de la ciudad a apenas unos metros de la Plaza Mayor. Es un edificio de viviendas de aspecto decimonónico, aunque fue construido en los años 40. A base de arenisca de Villamayor cuenta con un gran portal encaminado por una escalinata en la que se encuentran distintas alegorías representadas.
Durante la mañana pataleamos el casco histórico. La plaza mayor nos acogió con una juvenil orquesta tocando el primer movimiento de la Serenata nª13 para cuerdas en Sol mayor de Wolfgang Amadeus Mozart, que acompasado con el escenario churrigueresco de la plaza, daba la barroca sensación de volver al siglo XVIII entre duques y banquetes.
Recuerdo el primer día en la universidad en el el que el vigente director y profesor de paisaje y jardín Darío álvarez, citaba a Goethe diciendo: "la arquitectura es la música congelada", tal vez tuviese razón.
https://youtu.be/KFuo7l-_fPI
Más adelante recorrimos calles y plazas hasta que llegamos a la la plaza de Anaya que entre coníferas y cipreses asomaba la majestuosa Catedral. Decidimos subirla. Escalinatas de caracol, escalones y angostos pasillos que no llegaban al 1,70. Creo recordar algún que otro cabezazo. Finalmente llegamos a la parte superior de los Jerónimos que ofrecían una gran perspectiva de la ciudad. Algo estruendoso, las campanas sonaron con nuestra llegada.
Rozando el mediodía, paseamos por las jardines de Calixto y Melibea, que bordean la antigua muralla entre flora pintoresca.
sábado, 6 de julio de 2019
Un 50 Aniversario
Durante este último curso con motivo de las bodas de oro de la escuela de arquitectura de Valladolid se han celebrado distintas charlas, exposiciones y algún que otro concurso.
Uno de ellos, al que participé, centró el objetivo en "representar la arquitectura de la ciudad de Valladolid en los últimos 50 años" mediante la fotografía.
Esta temática me obligó a echar la vista atrás y hacer un breve análisis de la trayectoria de la arquitectura de esta ciudad desde los años 70 hasta el día de hoy.
Finalmente, después de haber revisado y pataleado calles y plazas, me decanté por el Patio Herreriano.
Recuerdo este año al asistir a una charla de Juan Carlos Arnuncio Pastor, autor de esta intervención, escucharle hablar sobre como es necesario que la arquitectura sea y sobretodo cree, un vínculo de unión con el pasado y el futuro.
Esto lo explicaba mediante el famoso cuadro de Goya "La Gallina Ciega".
En la obra se ve como unos niños juegan dándose de la mano unos a otros, de tal manera que establecen un vínculo entre ellos.
La arquitectura, según explicaba él, debe jugar dándose la mano con el pasado, conociéndolo y cuidándolo, y dejando un buen legado para su futuro.
Este pensamiento abstracto se puede ver muy bien reflejado en esta intervención, en como el hormigón armado respeta y da continuidad a la mampostería antigua del patio.
La ruina se congela y se le regala una vida nueva.
Por este motivo, creo que esta intervención recoge muy bien la nueva trayectoria que encamina a la arquitectura o por lo menos la que debería seguir.
Uno de ellos, al que participé, centró el objetivo en "representar la arquitectura de la ciudad de Valladolid en los últimos 50 años" mediante la fotografía.
Esta temática me obligó a echar la vista atrás y hacer un breve análisis de la trayectoria de la arquitectura de esta ciudad desde los años 70 hasta el día de hoy.
Finalmente, después de haber revisado y pataleado calles y plazas, me decanté por el Patio Herreriano.
Recuerdo este año al asistir a una charla de Juan Carlos Arnuncio Pastor, autor de esta intervención, escucharle hablar sobre como es necesario que la arquitectura sea y sobretodo cree, un vínculo de unión con el pasado y el futuro.
Esto lo explicaba mediante el famoso cuadro de Goya "La Gallina Ciega".
En la obra se ve como unos niños juegan dándose de la mano unos a otros, de tal manera que establecen un vínculo entre ellos.
La arquitectura, según explicaba él, debe jugar dándose la mano con el pasado, conociéndolo y cuidándolo, y dejando un buen legado para su futuro.
Este pensamiento abstracto se puede ver muy bien reflejado en esta intervención, en como el hormigón armado respeta y da continuidad a la mampostería antigua del patio.
La ruina se congela y se le regala una vida nueva.
Por este motivo, creo que esta intervención recoge muy bien la nueva trayectoria que encamina a la arquitectura o por lo menos la que debería seguir.
domingo, 23 de junio de 2019
Fuente El sol
Pasando el Puente Mayor y saliendo del Barrio de la Victoria, asoma un cerro que acoge en su recorrido, un páramo natural albergado por extensas coníferas, herbáceas y campo castellano.
Desde la zona más elevada del cerro se dan unas vistas que comprenden toda la extensión de la ciudad antigua, refugiada entre un gran valle y atravesado por su notable río.
Recuerdo este año una charla de Rafa Vega, más conocido como "Sansón" por sus tiras cómicas en el Norte de Castilla, en la que decía que, desde este mirador, intentaba imaginar una ciudad desnuda, exenta de construcciones y edificaciones, y de tal manera pensaba que es lo que hizo a los primeros pobladores asentarse en este lugar con estas peculiares condiciones.
Describía y daba a entender como desde unos primeros asentamientos, a través de los siglos, llegamos a la ciudad que hoy nos encontramos.
Todo esto lo enfocaba de tal manera que uno podía comprender que detrás de toda la historia que recoge esta ciudad, existió y sigue existiendo una identidad rodada por generaciones y generaciones que quisieron vivir en este valle entre ríos.
Animo a todo el que quiera un poco su ciudad que pasee por este páramo natural.
sábado, 22 de junio de 2019
Trigueros del Valle
Apenas recordaba este pueblo.
Nunca antes había sentido tanta curiosidad por observar los materiales, las construcciones y sus callejuelas angostas. Tal vez no haya sido en vano este primer año de arquitectura.
Llegamos a primera hora de la tarde, y entre tanto, anduve husmeando por los alrededores del lugar. Casonas, pajares y algún palomar construidos a base de tapial y mampostería labrada; viguetas y cubiertas de madera acompañadas entre tejas árabes, retocadas en su proa con distintos remates de canecillos.
Llegamos a primera hora de la tarde, y entre tanto, anduve husmeando por los alrededores del lugar. Casonas, pajares y algún palomar construidos a base de tapial y mampostería labrada; viguetas y cubiertas de madera acompañadas entre tejas árabes, retocadas en su proa con distintos remates de canecillos.
Es realmente curioso y emocionante entender de qué manera los materiales y las formas de construir dialogan con la geografía, el paisaje y sus gentes, como si todos ellos formasen parte de un gran grupo simbiótico, en el que el cuidado de la tierra y su fruto regala al hombre la posibilidad de asentarse, construir, realizarse y por encima de todo, ser feliz desde la sencillez de sus manos.
Cayendo la tarde, siguiendo un camino entre callejones y caserío doméstico, se encuentra en la zona más elevada del pueblo, una ermita, muy querida por sus gentes, que data del siglo X, desde donde se dan unas vistas únicas del páramo, los valles aledaños y del pueblo.
La subida merece la pena.
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