Antes de que yo naciera fue y sigue siendo a pesar de los quehaceres buen amigo de mi abuelo, Pedro Alejandre con el que sigue riendo como si los años no pasarán.
Entrando en Fuensaldaña no lejos del frontón se encuentra su taller y hogar. Una casa castellana de madera y tapial que cuenta en su interior con un amplio jardín con las que convive sus obras y tallas.
Como si de un paisaje de viejos rostros, nombres desconocidos y viajes inconclusos. La sensación que uno percibe al entrar es la de ser atentamente observado por cada uno de ellos. De tal manera, cada uno quisiera hablar y charlar contigo a la vez.
A pesar de la cantidad de obras tanto fuera como dentro de la casa, el lugar transmite una sencilla tranquilidad y serenidad propias de su fe y carácter. Entras en un lugar con una historia vivida, soñada y trabajada; un lugar vivido e imaginado por este viejo escultor que hace unos años nos dejó, pero cuyo recuero material sigue hablándonos en su obra que vive. De alguna manera haber paseado por el jardín de Eduardo es conocer su forma de mirar al mundo y de recorrer algunos pasillos de vieja alma.
Espero volver pronto.
A pesar de la cantidad de obras tanto fuera como dentro de la casa, el lugar transmite una sencilla tranquilidad y serenidad propias de su fe y carácter. Entras en un lugar con una historia vivida, soñada y trabajada; un lugar vivido e imaginado por este viejo escultor que hace unos años nos dejó, pero cuyo recuero material sigue hablándonos en su obra que vive. De alguna manera haber paseado por el jardín de Eduardo es conocer su forma de mirar al mundo y de recorrer algunos pasillos de vieja alma.
Espero volver pronto.