Qué sería de las ciudades sin su mayores. Sin la gente que ha visto como han crecido sus calles. Testigos de tantos cambios y revoluciones.
La calle sería muda sin su presencia, los buses yacerían huérfanos. Los bares dejarían las botellas de clarete llenas, sin abrir si quiera. El mercado aquejaría algo de charleta y conversación, y en misa faltaría algo de tertulia a la salida.
Por eso invito a saber ver y valorar a esta capa poco conocida de nuestra calle.
Tal vez años atrás existiese una cultura de respeto ciego al mayor, pero ahora con ojos limpios sepamos valorar su historia, su paso y por qué no seamos parte de su recuerdo.
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